Monday, August 28, 2006

Holidays Version 0.1 (Formentera)


Desde hace quince años, mis padres pasan sus vacaciones de verano en Denia. Hace un tiempo, todos mis hermanos y yo les acompañábamos, y ahora son ellos los que disfrutan en semisoledad de aquellas playas alicantinas.
Precisamente, de aquel puerto marítimo es del que parten los ferrys con dirección a Formentera, y siempre he tenido en mente coger uno de ellos y pasar unos días en la pequeña isla. Por fin, este año, he conseguido cumplir mi sueño, con Gon y el telerín (su volkswagen polo, que tantas alegrías y disgustos nos ha dado) a mi vera.

Teníamos los maletas, los billetes y las ganas...sólo faltaba que yo saliera del curro, sobre las dos y media, y Gon vendría a buscarme, para ponernos en marcha. Bueno, pues ese aciago 31 de Julio, no salí a las dos, sino a las siete y media de la tarde. Porque nunca tengo que quedarme, ni surge ningún problema en el curro, más que el día que me voy de vacaciones. Gon, el pobre, llevaba horas esperándome, pero por fin pudimos partir. Yo había dejado un chocho de facturas sin contabilizar detrás mía, y le había encasquetado el paquete a mi jefe, porque ya estaba hasta el nabo.
Cogí la maleta, preparada el día antes (gigante, apenas cabía en el maletero del telerín; y todo esto sin saber si teníamos alojamiento en la isla o no) y un par de cedés de popurrí que había grabado para el viaje.
Un poco de pop y electrónica española, aderezados con enormes molinos de viento.
Un clásico de cualquiera de nuestros periplos por la Meseta.
Le dije a Gon que fuese dirección Albacete-Alicante, en vez de por Valencia. Por supuesto, como siempre, me equivoqué y tardamos un poquito más de la cuenta. Resulta que ahora por Valencia se va de maravilla. Yo qué sé, no tengo ni idea de carreteras.
Llegamos a Denia un poco tarde, lo justo para saludar a mis padres y tomarnos algo en el chiringuito de la playa.

Al día siguiente, amanecimos rodeados de la trepidante actividad que invadía el salón de mi casa de vacaciones a las once de la mañana. Mi hermana y su amiga desayunando, mi padre recien llegado de su paseo en bicicleta, charlando con mi madre, que venía de comprar el pan, sobre la hora a la que irían aquel día a la playa, el perro ladrando... no quedaba otra que levantarse y tomarse un buen café con mi querida hermana Laura, con la que nos echamos las primeras risas de la jornada. No recuerdo el motivo, pero sin temor a equivocarme, puedo asegurar que la mofa era a mi costa.
Después a la playa, a bañarme con mi madre y tener nuestra habitual puesta al día sobre cómo anda la vida social deniata: entre ola y ola me comenta quién anda con quién, quién no puede ver a Mari Pili, las tonterías de Menganito y el último dispendio de Zutanito. Da gusto charlar con ella más de los habituales quince minutos que suelen transcurrir entre que pone la mesa y se marcha a dormir la siesta, que es lo máximo que logro conversar con ella en mis visitas de fin de semana a Majadahonda. Por supuesto, noto que está deseando sacar el tema de Gonzalo, porque a ver, mis padres, convenciditos están de que es mi novio. Si ya les cuesta a muchos de nuestros conocidos entender que no nos hemos liado nunca, ¿qué van a pensar mis padres? Su hijo mariquita y un chico del que nunca para de hablar se van solos a una isla paradisíaca a pasar seis días dentro de un coche...pues tomate asegurado. El caso es que yo sé que ella se muere por preguntarme o tratar de averiguar algo, pero la falta de costumbre (desde el día que les dije, a los dieciocho años, que era gay, jamás han vuelto a decirme nada, a pesar de haberlo aceptado, de mejor o peor modo) se lo impide, y yo no estoy dispuesto a ayudarla. Me pasé una noche entera llorando, y completamente angustiado, antes de contarles que era marica; después de que ellos hubieran insistido durante semanas en que yo hablase con ellos, puesto que no sabían qué era a ciencia cierta, pero sí que algo pasaba. Pronto lo supieron los dos, y me aceptaron, pero nunca más se ha vuelto a hablar de ello, y eso me duele, y me hace estar un poco resentido. Parece como si en el fondo, su único objetivo fuese quedarse tranquilos, conocer el motivo de mis silencios, para una vez descubierto, y viendo que no es mortal, desentenderse por completo de mi vida. Quizá lo que pase en realidad es que yo también soy un poco cobarde, y aunque me muero de ganas de poder hablar con ellos, me niego a reconocer que sacar el tema yo puede que ayude.
Pasamos todo el día con mis padres y mi hermana, comiendo como reyes (Gon alucinó con las cantidades de comida que se disponen sobre la mesa en los banquetes veraniegos que elabora mi madre; y más aún, observando que apenas sobra nada) y durmiendo sobre un colchón, preparándonos para las penurias que podríamos pasar en la isla. Compras en el Mercadona, de cara a abastecernos de comida, horchata en Marqués de Campos (me encanta ver la cara de felicidad que se le pone a Gon sólo con probarla) y cerveza nocturna en terracita fueron nuestras últimas actividades en la Península.

Me encanta viajar en barco, y estar rodeado de mar.
Todo ello unido a que era el comienzo del plan, el principio de la separación, de la huida, aunque sólo fuese por unos días.
Como dijo Gon en un sms medio en broma: no tenía que preocuparme por nada, porque en ese ferry no habría sitio para la tristeza.
Y así fue.
Fueron seis días completamente maravillosos, que comenzaron con un extraordinario recibimiento en la plaza de San Ferrán, donde tras adquirir 10 euros de costo, nos agarramos el fumadón de la temporada, con el record nada desdeñable de cuatro porros en una hora. Todo ello, unido a las maravillosas cervezas y copas, extraordinariamente baratas, de Fonda Pepe. En dos horas, Gon era un furby con escasa o nula capacidad de reacción frente a estímulo alguno, y yo simplemente estaba como una cuba. Cogimos el fuet adquirido el día anterior y lo empezamos a devorar sin ningún tipo de respeto por las normas del saber estar, y luego, una vez saciados, me soltó las llaves del coche y me dijo que lo llevara a una calle un poco oscura para irnos a dormir. Cómo debía ir él, que me dijo que lo mejor sería que condujese yo! Por supuesto, elegí la calle que quedaba justo enfrente de donde habíamos aparcado. Sólo era capaz de meter primera y de ir en línea recta. Nada más aparqué, Gon hizo gran alabanza de mis dotes para la conducción, para acto seguido quedarse literalmente en coma, sin siquiera recostar mínimamente el asiento del telerín.
Hay que entender que éramos inmensamente felices. Íbamos muertos de miedo, pensando en qué encontraríamos, dónde dormiríamos...y nos encontramos una plaza llena de hippies majísimos que enseguida nos pasaron hachís y en la cual se podía fumar sin problemas!! Con el pedo, claro, dormimos como lirones.
A partir de entonces, el telerín fue nuestra base de operaciones: el vestidor, la discoteca, el armario, el comedor, nuestra cama...pasábamos el día entre paseos en coche, de acá para allá, recorriendo la isla, y tirados en playas de arena blanca, bañándonos en las aguas más limpias que he visto nunca. Creo que nos duchamos dos veces, en un chiringuito de playa, donde te cobraban dos euros por apenas cinco minutos de agua.
Dos amigos de sal, con ropa sucia y bocadillos de chorizo.

Sin duda, hubo momentos estelares: el primero, de noche, dentro del telerín, mientras se desencadenaba una enorme tormenta a nuestro alrededor, aparcados enfrente de la terraza desierta de un restaurante de playa, con las altas cañas de las dunas sacudidas por el viento, impresionantes rayos en el cielo y tremendas gotas golpeando el parabrisas, mientras fumábamos un porro y nos reíamos; cuando todo acabó, bajamos la ventanilla y entró un aire frío y lleno de agua, empujado por las olas, que nos meció toda la noche. El otro, en el faro de Cap de Barbaria, tras la visita obligada, al atardecer, y una vez que se puso el sol, nos quedamos fumando un cigarro, subidos a un pequeño muro de piedras, observando como, poco a poco, todos los demás visitantes se marchaban por la estrecha carretera que conducía hasta allí. La luz del sol, ya oculto, se fue apagando, hasta hacerse completamente de noche. Allí, bajo las estrellas, azotadas de manera sistemática por el haz de luz del faro, y con el rumor lejano y oscuro de las olas, nos dimos una buena sesión de after-sun, amenizados por Carlos Berlanga. El aire, la sensación de frescor, la música, el faro, las risas...lo siento, ya sé que es cursi, pero es que la vida, a veces, se parece a un anuncio de compresas, y no lo puedes evitar.

Me dio mucha pena irme, aunque teníamos en mente Londres y eso no me permitía ponerme lo suficientemente trágico y nostálgico.

Y me enamoré de Gonzalo, de mi "novio" sin sexo, porque siempre te sorprende con una nueva idea, con una duda, con un pensamiento, con una gracia o un chiste, incluso con una bordería...porque es imposible no quererle con todo el corazón.

Tuesday, June 20, 2006

Pedazo de Pecado


Fue así como nos denominó por sms, una tarde cualquiera, durante nuestro viaje por tierras vascas, nuestra querida Claudia, a Gonzalo y a mí.

Ella es una portuguesa bajita, que ahora está muy morena, y le sientan muy bien los vestidos amarillos. Es completamente extrovertida...tanto, que a veces creo que se da la vuelta, como los jerseys.

Pero sobre todo, es una valiente, y es por ello por lo que más la admiro, porque a pesar de conocerla desde hace relativamente poco, me ha enseñado que hay que ser natural, entrar en acción, luchar, no ser siempre racional y nunca, nunca, sentir vergüenza.

Ella vino en busca del amor de su vida, y sólo encontró un loco, con la mirada perdida.
A pesar de todo, ayer brindamos por él, porque por su culpa hemos pasado un año juntos en Madrid, y eso es de agradecer.

Tu sí que eres un pedazo de pecado.
Se te va a echar de menos, garota.

Friday, June 09, 2006

Los amantes de...¿dónde?


Ayer nos laceramos el corazón por un euro, en los cines Renoir.
Un acto sublime de masoquismo sin barreras.
Los cuatro teníamos motivos y heridas para no estar allí, pero fuimos.

Una historia de amor de verdad, del que no existe, del que sólo habita en los guiones.
Amor del que no se acaba, del que da sentido a toda una vida y a la inmensa mayoría de sus acciones, del correspondido en la misma y exacta medida, del de hacer regalos cursis, y a la vez sofisticados, del sencillo, de aquel en el que no habita el miedo, en el que no hay que pensar, sólo dejarse llevar...amor, del círculo polar.

Ayer llamé a Milton, como le dije que haría. Lo hice varias veces, y siempre estaba apagado. Después, le mandé un mensaje, explicándole que le había llamado, por si quería finalmente quedar a tomar algo cuando saliera de trabajar.
No hubo respuesta, y tampoco la ha habido hoy.
Pinta muy mal, lo sé; poco a poco, he aprendido a tener un poco de intuición y a dejar de ser un tonto, aunque no mucho.
Sé de sobra que esto pasará, como todo lo demás.
Fran sustituyó a Manu, y Milton me quitó de la cabeza a Fran...y así seguirá siendo.
Un clavo quita a otro clavo, dicen. Y es verdad.
Pero, ¿cuando dejarán de ser clavos?

¿Dónde está, mi amante del círculo polar?

Tuesday, June 06, 2006

Valor y al toro

Desde Iñaki, es el tio más interesante que me he encontrado en mucho tiempo.
En apenas una noche y una mañana consiguió sorprenderme y atrapar mi atención como nadie lo había hecho.
Por algún motivo que ahora no entiendo, no le pedí el móvil.
No puedo esperar a encontrármelo algún día de nuevo.
Necesito hacer algo, buscarle, hablarle.

Ayer estuve con Gon tomando una coca-cola en la Plaza de Oriente.
Tenía miedo a confesarle mi ansiedad, pero lo entendió todo y me animó a hacer algo, si de verdad suponía alguien tan especial para mí.
Sólo sé dónde trabaja, así que llamaré, y hablaré con él.
Puede que sea una locura, o que no coincida con los cánones de comportamiento retorcido que priman en las relaciones modernas, pero me da igual. Si he despertado en él la mitad de interés del que él ha despertado en mí, reaccionará bien. Si no lo hace, no tiene sentido seguir esperando encontrármelo en una discoteca.

Esta tarde.

Sunday, June 04, 2006

Dolor



Se expande desde la parte trasera de mi mandíbula, donde se retuerce una muela, por la encía, sangrante y dolorida, hasta mi oído, donde estalla, en miles de terribles punzadas...
He pasado una noche horrible.

Ayer estuve con Claudia por La Latina, tomando unas cañas.
Pronto se nos va nuestra querida portuguesa, a Sao Paulo.
Pasamos por el bar de Milton, pero no estaba.
Qué pena.

Empieza otra semana.

Wednesday, May 31, 2006

El método Milton


Nunca sabes, nunca, lo que te puede deparar una noche cualquiera en Madrid.
El viernes por la mañana yo estaba resacoso (qué raro) de la juerga del jueves noche, y, de repente, me llama Isa y me dice que su padre tiene unas entradas para el Auditorio, y que si quiero ir con ella. Me apunto sin dudarlo.
El concierto estuvo genial (gitanos zíngaros virtuosos del violín, la guitarra y el cimbal).
Después, unas cañas con Gon cerca de Gran Vía, en Stop Madrid, y por último, como no, al Gris. Allí nos cocimos como cubas (dato este sobre el que después de tanto tiempo como mis lectores quizá no sería ya necesario reincidir, creo) y nos encontramos con Javi, Miguel y James. Isa se marchó enseguida, porque estaba muy cansada, y yo me quedé con la abubilla de Gon, que ya no paraba de gritar, meterse con la gente e ir de un lado a otro, como un loco.

Javi, Miguel, James, Gon y yo, decidimos que la mejor opción aquella noche era sin duda el Ocho y Medio. No sin antes vaciar nuestras copas aún mediadas en sendos vasos de plástico. Teníamos prisa, pero no tanta como para dejar de beber.

Yo entré con ellos al garito, mientras Gon bajaba un momento hasta Callao, donde había quedado con un amigo que le tenía que dar unos porros. Estaba lleno, como siempre, pero enseguida nos hicimos un hueco en la barra, como buenos borrachos que somos. Un rato después, Gon me mandaba un mensaje: No iba a entrar, la cola del cajero y la del Ocho eran ambas de dimensiones muy superiores de lo que su ánimo etílico era capaz de soportar. En ese momento, me quedaba solo, y aunque Javi es la mar de gracioso y me rio mucho con él, sin Gon nunca es lo mismo, por lo que en previsión de un posible aburrimiento me di a un juego que en raras ocasiones me había dado resultado, pero hacia el que la perniciosa influencia del ron me indujo sin remedio: las miraditas.

Enseguida elegí mi objetivo. Estaba clarísimo, era el tío más macizo y morboso de toda la discoteca, con sus gruesas patillas, sus gafas de pasta, sus tirantes y sus pantalones de patinero que le hacían un culo...sin palabras. Empecé a mirarle sin pudor alguno, y cuando me vio, mantuve la mirada, con dos cojones. No sé qué me pasaba, el espiritu de un fauno me había poseido, o algo por el estilo. El caso es que dejo de mirarle para ponerme a hablar con Javi, y cuando retomo la cuestión, le cazo a él con los ojos clavados en mi. Punto para el pelirrojo borracho!!!!! En ese momento se producen unos vaivenes de Javi y estos, el buenorro va al baño, yo me quedo en la barra, el buenorro vuelve y se pone más cerca...yo me aproximo...y estos reaparecen, se me ponen delante a hablar, y el chico desaparece camino de la pista de baile.

Mierda.

Lo asumo con deportividad y me pongo a hablar con ellos. Al cabo de un rato Miguel y James dicen que se piran y me quedo con Javi, al que rápidamente convenzo para ir a buscar a mi chico de las miraditas. Enseguida le encontramos en las escaleras previas a la pista, y ni cortos ni perezosos nos plantamos al ladito suyo. Le está pidiendo el móvil una chica y en ese momento pienso que lo mismo me he colado y el tipo es hetero. Pero no, cinco segundos después me está golpeando en el hombro, pidiéndome fuego. Javi se pira y me dice que me ponga a hablar con él inmediatamente, cosa que hago, aunque no recuerdo el modo ni las palabras exactas. El caso es que al cabo de cinco minutos estamos envueltos en una conversación de lo más interesante sobre arte.

Él se pide otra cerveza, yo otra copa...las luces se encienden...y yo pongo las cartas sobre la mesa (soy un borracho de lo peor, lo sé): le digo que yo me he acercado a él porque me parece muy guapo y le he visto solo, y le pregunto que si le intereso, porque si no, no hay problema, yo busco a Javi, y todos tan contentos. Entonces me dice que sí que le gusto, con lo cual yo me quedo más ancho que largo y seguimos hablando (sin enrollarnos ni nada) hasta que nos echan. Cogemos nuestras cosas y nos piramos andando hasta su casa, en Puerta de Toledo, charlando de todo un poco durante todo el camino. Yo estaba encantado, no me cansaba de oírle hablar sobre esto y lo otro. Después...bueno, estuvo muy bien, la verdad.

A la mañana siguiente, después de un buen polvo mañanero, seguimos conversando, sin parar, hasta la una y media, hora en la que tenía que marcharme (siempre me pasa lo mismo) a Majadahonda, porque era el cumpleaños de mi hermano Adrián.

Me despedí de él con un beso y entonces tomé una decisión de la que ahora por supuesto me arrepiento, pero que fue y es la más correcta teniendo en cuenta el carácter del chico en cuestión y la promiscuidad que en su vida me hizo intuir: no le pedí el móvil. Pensé que lo mejor sería volvérmelo a encontrar en algún garito, ya sea el Ocho o el Mondo y ver qué pasa, y si volviese a suceder, entonces intentar una aproximación.

Ahora, como decía, me arrepiento, y pienso que seguro que no le vuelvo a ver, pero también sé que con su móvil en mi poder habría tardado día y medio en volverle loco y que pasara de mi.

Gracias a Dios, ya me conozco.

Para bien y para mal.

Monday, May 22, 2006

Centro


Tras la dispersión, como viene siendo habitual, todas las flechas terminan convergiendo en mí.
Vienen vacías, hacia el centro, cansadas como un radio solitario.

Andrés no me ha llamado. No me importa el motivo, ni si tiene saldo o es muy despistado. No demuestra ningún interés, y yo ya me he cansado de esforzarme por todos ellos.

Curro sigue ahí, me he vuelto a acostar con el este fin de semana, pero no da para más.

Con Fran lo hice al día siguiente, Sábado, y fue una tremenda decepción...su comportamiento en la cama, egoísta y distante me dejó muy mal sabor de boca.

Como siempre, un montón de opciones que se quedan en nada.
Un punto en el centro de la circunferencia.
Esperando.